La Fundación Pablo Neruda tiene
como objetivo general, según sus estatutos, "el cultivo
y propagación de las artes y las letras". Adquiere plena
existencia jurídica con la publicación, en el Diario
Oficial, del Decreto Supremo 368 del Ministerio de Justicia, el
4 de junio de 1986. Su antecedente jurídico inmediato es
el testamento de Matilde Urrutia, viuda del poeta, el cual constituye
la Fundación, formula sus estatutos y designa a sus directores
y
consejeros.
La
voluntad de crear esta Fundación, esencialmente con la misma
estructura que posteriormente se le dio, aparece ya a comienzos
de la década del cincuenta, cuando Neruda dona su biblioteca
y colección de caracolas a la Universidad de Chile. Más
tarde, al regresar a su país tras su misión diplomática
en Francia, el poeta redacta y da forma con el apoyo de su abogado
Sergio Insunza Barrios, a su proyecto de testamento en que establece
su voluntad fundacional. Lamentablemente su propósito se
ve frustrado con los trágicos sucesos de septiembre de 1973
y su propia muerte. Sin embargo, los borradores se conservaron y
sirvieron de base a la estructura jurídica actual.
La
Fundación Pablo Neruda no habría sido posible sin
la férrea voluntad y dedicación de Matilde Urrutia,
que ya en vida del poeta y con mayor tesón aún después
de su muerte, reunió, ordenó y acrecentó su
legado.
No
obstante la enorme labor realizada cuando ella fallece, en febrero
de 1985, la situación de la Fundación era sumamente
preocupante. Aún no estaban finiquitados los trámites
legales derivados de la muerte del poeta, que había fallecido
intestado, que tenía dos hermanos de padre, Laura y Rodolfo,
sus herederos legítimos, en concurrencia con su cónyuge
sobreviviente. A la fecha de la muerte de Matilde ambos habían
fallecido y quedaban sus respectivos herederos.
La
Biblioteca y los Archivos necesitaban un ordenamiento, las casas
estaban aún destruidas por obra del vandalismo o en grave
estado de deterioro. La casa de Isla Negra seguía confiscada
por el Gobierno Militar y la de Valparaíso era una copropiedad
con el matrimonio de Francisco Velasco, médico, y Marie Martner,
artista plástica, grandes amigos del poeta.
Obtener
la personalidad jurídica fue tarea larga y compleja. Sólo
después de un recurso de protección fue posible su
aprobación. La casa de Isla Negra se recupera jurídicamente
el 19 de agosto de 1991, en virtud de la Ley N°19.072 del 19
de agosto de 1991 y se adquiere el dominio del inmueble contiguo
que con anterioridad el gobierno de Patricio Aylwin había
entregado en concesión a la Fundación.
La
Fundación desea reconocer el apoyo desinteresado y esforzado
de muchas personas, directa o indirectamente vinculadas a su estructura,
y reconoce asimismo las donaciones y cooperación con que
ha sido favorecida, así como la generosa ayuda de países
amigos como Suecia y Alemania, y de instituciones privadas como
la Telefónica de España, Interlubke, el Instituto
de Cooperación Iberoamericana, la Fundación Andes,
entre muchas otras.
Agradecimientos
especiales también merecen el Estado de Chile, al ceder la
casa contigua a la casa del poeta en Isla Negra y el sitio aledaño
a La Sebastiana en Valparaíso, y la Municipalidad de Providencia,
que construyó la Plaza del Poeta junto a La Chascona.
La
restauración de innumerables objetos que constituyen la pinacoteca,
las distintas colecciones, los muebles de la casa, la organización
de la biblioteca y archivos, ha sido una labor ardua, delicada y
aún inconclusa. Sólo gracias a años de constantes
esfuerzos y al auxilio de numerosas personas especializadas, es
que hoy en día la Fundación dispone de las tres casas
convertidas en Museos: La Chascona, La Sebastiana e Isla Negra,
con un promedio de 250 mil visitantes al año que llegan
de diversos puntos del planeta a deleitarse con su historia y con
la actividad de los centros culturales que funcionan adjuntos en
Isla Negra y La Sebastiana.
Destaca
además el fomento de las actividades que la Fundación
Pablo Neruda ha impulsado como parte de las celebraciones del centenario
del poeta el año 2004.
La Fundación Pablo Neruda ha realizado, gracias a las acertadas
decisiones tomadas por Matilde Urrutia, grandes esfuerzos con el
objeto de preservar un patrimonio de trascendencia cultural nacional
e internacional. Se han cumplido todas las gestiones jurídicas
y patrimoniales que han cimentado su existencia concreta. Para cumplir
con su propósito de desarrollar y difundir el conocimiento
de Neruda y su obra, la Fundación trabaja en contacto con
los más destacados estudiosos nerudianos del mundo, como
el profesor chileno residente en Italia, Hernán Loyola, el
académico británico Robert Pring-Mill, el catedrático
francés Alain Sicard, el profesor chileno residente en California
Jaime Concha, el profesor norteamericano René de Costa y
el ensayista argentino Saúl Yurkievich, entre otros.
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