Exposición de Lola Falcón en La Chascona “Una fotógrafa chilena mirando al mundo”
Desde el lunes 24 de mayo se encuentra en exhibición la exposición de la fotógrafa Lola Falcón, a cargo de la curadora Andrea Aguad. La muestra está abierta de martes a domingo de 10 a 18 horas en la casa museo La Chascona.
Precursora de la fotografía nacional y permanente observadora de su entorno, Aurora “Lola” Falcón May (1907-2000) es una fiel exponente del retrato social urbano y del paisaje humanizado. Frente a su lente desfilaron personajes como Albert Einstein, Rayén Quitral, Tótila Albert, Pablo Neruda, Mariano Latorre, Ángel Cruchaga, Mario Carreño, André Racz, entre otros. Así también, los lugares y sus circunstancias históricas fueron motivos centrales de su trabajo, registrando la España republicana, la China de Mao Tse Tung, el México post revolucionario o el París tras la Gran Guerra.
La importancia de Lola Falcón radica principalmente en dos aspectos: su resuelta irrupción en una disciplina hasta entonces ejercida por hombres, y el desarrollo de una obra de inscripción documental de gran diversidad temática y de una multiculturalidad pocas veces vista en la fotografía de la época.
Como una marca de vida, desde su adolescencia Lola Falcón fue una constante viajera, residiendo en diversos países y culturas, primero junto a sus padres y luego en compañía de su marido, el periodista, escritor y diplomático chileno Luis Enrique Délano. Dichas experiencias dieron paso a entrañables amistades, entre ellas la de Gabriela Mistral, quien se desempeñaba como cónsul en Madrid, siendo Yin Yin, el sobrino de la poeta, uno de los primeros modelos de la incipiente fotógrafa. Tras un breve paso por Chile, huyendo de la Guerra Civil Española, Lola y su familia se instalan en México en 1940, donde Luis Enrique Délano y Pablo Neruda ejercían como cónsules.
Su hijo, el escritor Poli Délano, recuerda que acompañaba a “Lola a caminar a lo largo de una de las calzadas laterales, ella iba fotografiando estatuas, árboles enormes, mansiones, fuentes, pero también disparaba imágenes al lustrabotas que se afanaba sacando brillo a los zapatos de un tipo que leía el periódico, y de la mujer india que vendía pepitas de calabaza en una esquina. Iba con su pequeña cámara Kodak colgada al cuello como un collar que no se quitaba nunca. Y yo la seguía.”
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